Carta de los Reyes Magos a los padres: análisis de una niña de 50 años.

Ayer fui a darle su regalo de cumpleaños al hijo de unos amigos, y charlando mientras él lo montaba con su hermana en otra zona de la casa, sus padres me explicaban que la niña ya empezaba a creerse eso que venía oyendo desde hace tiempo respecto a que los Reyes Magos son los padres. Por ello, han decidido darle una carta que circula por Internet, y que me ha despeinado los chacras y lo que no lo son, al leerla.

Ciertamente empieza estupendamente, más o menos así:

Mamá, mamá… mis amigas del cole dicen que los Reyes Magos son los padres, ¿es verdad?

La madre de María sonríe, le da un beso y le dice: Mira María…

-Tengo que enseñarte algo que guardo en este cajón desde hace 7 años.

Su madre saca del cajón un sobre blanco. Lo abre y le dice a María:

-Esta carta la recibimos en casa el día en que naciste. Es una carta escrita por los Reyes Magos y que nos piden que les hagamos tres favores. ¿Quieres que te la lea?

¡Sí mamá, por favor!

CARTA DE LOS REYES MAGOS A LOS PADRES

Apreciado papá y apreciada mamá de María,

Somos los Reyes Magos. Sabemos que acaba de nacer María. Es una niña preciosa que os va a hacer muy felices a los dos. Ya sabéis que cada 6 de enero nosotros vamos en silencio a casa de todos los niños y les dejamos unos regalitos para celebrar el nacimiento del niño Jesús y para decirles lo orgullosos que estamos de ellos.

Pero a partir de ahora no podremos hacerlo porque estamos muy viejecitos y cada vez hay más y más niños en este mundo. No podemos ir a casa de todos. Cuando llegué a este punto, ya empecé a torcer el gesto. Si ya de por sí, la imagen que tenemos mil veces repetida es de unos Reyes Magos muy mayores (insisto siempre a los niños y a los no tan niños que las personas son mayores y las cosas viejas o antiguas) no quiero ni pensar cómo se imaginará un niño de pronto a unos Reyes aún más mayores de lo que está acostumbrado. Y ese “no podemos ir a casa de todos… ¿Dónde se queda la magia de los Reyes? No me quiero poner muy talibana, pero empieza regulines la carta, la verdad… Y sigo leyendo:

Además, ayer me caí del camello y me rompí el brazo (soy Melchor, un poquito torpe); Gaspar es muy lento porque camina con la ayuda de un viejo bastón y Baltasar, ¡nuestro viejecito Baltasar!, se olvida siempre de dónde tiene la lista de los regalos. Bien, de un plumazo tenemos a un Rey muy mayor y accidentado, otro al que en nada le ponen el andador o la silla de ruedas, y a otro con Alzhéimer. Francamente, yo no sé cómo me voy a sacudir la impresión. Yo entiendo que para un hombre muy entrenado en ver de manera científica esto del envejecimiento y la muerte, como mi padre, que vio tanto a lo largo de su carrera que se hizo inmune, no impacta tanto la escena, pero para los que no tenemos ese entrenamiento, y sobre todo para los niños, es muy triste imaginarse a los Reyes a punto de morir. Exagerada, me estarás diciendo sin duda. Pero piénsalo, te diré enfurruñada, esa carta se la dan a niños que hasta ese momento tenían una imagen mágica e idílica de sus Reyes. La pregunta de cualquier niño, después de dejar de llorar, imagino que será si se van a morir. Yo no entiendo a los adultos…

Y a continuación, la carta termina pidiendo tres favores:

Como ves, ya estamos muy mayores (ahí, insistiendo) y necesitamos pediros tres favores muy importantes:

Primer favor: Que nos ayudéis a poner los regalos a los niños. Cada padre y madre harán nuestro trabajo el día de Reyes: leerán las cartas de sus hijos y, con la misma ilusión que la nuestra, les pondrán los regalos como si fuéramos nosotros. Así todos los niños del mundo tendrán sus regalos y nosotros podremos descansar y ver, desde lo lejos, sus caritas de alegría. Vale, aunque yo no lo plantearía así.

Segundo favor: Como esto es un gran secreto, no se lo podréis decir a María hasta que cumpla los 7 años. Cuando tenga esta edad, ya será mayor y sabrá guardar este secreto. Los niños pequeños no deben saber que nosotros ya no podemos poner los regalos y que son los padres los que nos ayudan porque si no… ¿Qué pensarán de nosotros? ¿Dónde estará la magia? El secreto se ha de decir solo a los niños responsables, a los que ya pueden entender que nosotros les queremos mucho y que por eso pedimos ayuda a sus padres, las personas que más los quieren a ellos. ¿Cómo? Entonces a los 7 años ya es mayor quien recibe este notición?? Pero no sólo es mayor, además ya es responsable porque puede entender todo esto. Si se cruza con un niño que siga creyendo que son los Reyes los que ponene sus regalos, pensará que es tonto y no quiero ni saber las burlas que recibirá. Las criaturitas, a esas edades, no suelen destacar por su sutileza. Y eso sin mencionar que por lo visto la magia acaba a los 7, y de paso a los Reyes les preocupa qué pensarán de ellos por ser mayores…

Tercer favor: Algunos padres que nos ayudan están enfermos o no tienen dinero para comprar regalos a sus hijos. Y también hay niños que no tienen la suerte de tener dos papás. Por eso, necesitamos que vuestros hijos se conviertan “un poquito” en Reyes Magos y compartan algunos regalos con los niños que no tienen tanta suerte como ellos. Bien por compartir, pero la magia no debería monetizarse. A mí me arrebataron esa magia el día en que en vez de abrir paquetes con libros y regalines me dieron un sobre con dinero una fría mañana de Reyes. Aún me duele. Da igual que pensaran que me vendría mejor porque ya era una adolescente. Da igual que ya no fuera tanto a misa. Da igual, no entendieron que la magia no se mide por la cuantía de un sobre, ni por el número de paquetes. Aunque siendo justa, no fueron nada distinto a la mayoría de padres que conozco. Y los niños que reciban los regalos donados se sentirán como los que los recibieron nuevos, seguro, nos enseñán a tener y tener, a medirnos por cuántos paquetes más hemos abierto en relación a los demás, y luego, más adelante, según la ropa, el coche o la casa, pero dejad que os cuente algo: a los 8 años un vecino, Luis, el del segundo, el hijo del Capitán y nieto de Doña Elvira, me interceptó en la escalera y me lo soltó riendo, se creía muy importante entonces, como todos los que lo sabían y presumían de ello. Pregunté a otros y sí, resultó cierto. No recuerdo si se lo dije a mis padres, pero hasta el día del sobre, me gustaba acostarme la noche del 5 de enero sonriendo, sabiendo que esa noche mis padres se escabullirían sin hacer ruido, con miedo a la pillada, para dejar los paquetes bajo el árbol. Y siempre sentí que se emocionaban al ver mis manos abriendo ilusionada los nuevos libros que leer, los nuevos juguetes con los que jugar, y al vibrar con la magia de unos Reyes que delegaban en ellos el ocuparse de que no nos faltara nada aquella mañana tan especial.

Nada más. ¿No es demasiado, verdad? Cuando María te pregunte por primera vez quiénes son los Reyes Magos léele esta carta. Entenderá por qué nosotros hemos confiado en vosotros para hacer nuestro trabajo: porque sois las personas que más lo queréis en el mundo y que mejor pueden ver su enorme y bondadoso corazón de perla.

Melchor, Gaspar y Baltasar

No estoy de acuerdo con esta carta, pero nadita, me ha dejado muy revuelta imaginando a los tres Reyes al borde del colapso. Y ésta, queridos adultos, sería la mía para los hijos que nunca tuve:

-Esta carta la recibimos en casa el día en que nacisteis. Es una carta escrita por los Reyes Magos y que nos piden que les hagamos tres favores. ¿Queréis que os la lea?

¡Sí mamá, por favor!

Apreciados papás de Delors y Jovi,

Somos los Reyes Magos. Sabemos que acaba de nacer Delors y Jovi ya tiene un añito. Son increíbles, tanto ella como él, y tenéis la enorme responsabilidad de procurar su cuidado y felicidad. Ya sabéis que cada 6 de enero se celebra aquel momento hace tantos años en que llegamos junto al niño Jesús a llevarle nuestros presentes. Por eso, la noche anterior os tenéis que buscar las mañas para que no os descubran dejando sus regalos, igual de silenciosos que llegamos nosotros al Portal para no despertar al Niño. Durante los primeros años pensarán que somos nosotros y su ilusión será inmensa, pero llegará un día en que sabrán por alguien la verdad, y nos gustaría que en ese momento tan doloroso y desconcertante para ellos les entreguéis esta carta y así puedan entender...

Queridos niños:

Durante estos años, vuestros padres han esperado con la misma ilusión que vosotros la llegada de la víspera de Reyes. Han trabajado duro y han buscado aquello que pensaban que más os gustaría. Han cumplido con lo que les pedimos cuando nacisteis, que actuaran con vosotros igual que lo hicimos nosotros con el niño Jesús. Ahora ya sabéis la verdad, pero no debéis sentiros defraudados. La magia es así de maravillosa, cada niño recibe su regalo en esa mañana tan especial, y siente el amor de sus padres en forma de presente. Sin embargo, para que sea así, cuando un niño no tiene padres o éstos no pueden hacer magia, otras personas tienen que hacerlo por ellos. Y nos gustaría que vosotros fuerais personas así, capaces de llevar nuestra magia a otros. El amor no se mide por los regalos que entregas, pero es una forma más de decirle a alguien que no está solo, que se le piensa, y que puede contar con vosotros. Ese es el primer favor que os pido.

Perdonad no habéroslo dicho antes, pero es importante crecer sabiendo que hay muchas más cosas más allá de lo que podéis ver con los ojos. Que la magia existe, y no sólo sale de una varita de un Hada Madrina. Que hay muchas maneras distintas de expresar amor por los demás. Y que la noche de Reyes es la noche de la ilusión, de la magia y de la entrega de presentes. Esa es la tradición, y las buenas tradiciones son importante mantenerlas. Pero no olvidéis nunca que el año tiene más días. Y para esos otros días, tengo un segundo favor que pediros. Intentad cada día entregar un presente a alguien. Pero no algo comprado, no. Os diremos un gran secreto: un regalo no siempre es algo que se compra, se empaqueta y se entrega. Un regalo también es una sonrisa y un abrazo para el que está triste, o un apretón de manos y un cuenta conmigo para quien necesita ayuda, o acompañar a alguien hasta su lugar favorito y compartirlo si se siente solo. Un regalo es cuando ves a tus padres cansados, tumbados en el sofá y eres tú quien les pones una manta y respetas en silencio su descanso, o cuando ves que se ponen nerviosos porque todo anda revuelto de tus cosas y te pones a recoger antes de que lo hagan ellos. Sabemos que es un favor enorme, pero también sabemos que sois capaces de hacerlo, porque la magia existe en cada uno de vosotros.

Por último, debo contaros un último secreto. Los niños, cuando crecen, van olvidando que existe la magia. Poco a poco a los padres y al resto de adultos los problemas cotidianos, el trabajo, los hijos o la salud les absorben tanto que son incapaces de recordarla. Por eso os pido este tercer favor: que se lo recordéis con pequeños gestos que les ilusionen, con palabras que les hagan sentir lo especiales que son, con sorpresas que les dibujen sonrisas como las vuestras al abrir los regalos de los Reyes. La magia existe, sólo tenéis que expresarla a vuestra manera, y hacérsela llegar a los demás.

Ya tenemos que despedirnos, pero recordad, cuando os digan que los Reyes son los padres, será porque aún no les han entregado su propia carta. No les contéis nada, sus padres ya sabrán cuándo y cómo hacerlo…

Os iremos a visitar la noche del 5 de enero como cada año. Hasta entonces, un abrazo enorme. Gracias por ser nuestros emisarios. Os queremos.

Melchor, Gaspar y Baltasar

RECORDADO HOY

La promesa, año tras año, de permanecer despierta para ver a los Reyes paseando por la casa para dejar mis regalos. Jamás lo conseguí. Creo que en el fondo prefería despertarme y salir corriendo al cuarto de mis padres para despertarlos toda nerviosa, y de ahí salir gritando a mis hermanos que ya salieran ya que teníamos que ir todos al salón…

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