Ay, Carmela…

Sucede que en ocasiones lo impensable nos sacude, y surge la necesidad de gritar improperios al viento, a ver si así no estallamos. Sucede que hay almas que te dibujan sonrisas por más que andes desolada, o te preparan flanes que suponen te enloquecen, sólo por darte el gusto y sentir que te colmaba.

Sucede que es imposible caminar por la general, esa arteria que separa el paraíso del asfalto en su mismo centro, mirar a los balcones frente a la Ruta a la altura del segundo, y no recordarla en las madrugadas que llegábamos al alba, esperando enfurruñada, impasible el ademán con su bata y su despeine, a que su hija asomara por algún lado.

Sucede que vamos para mayores y los nuestros se nos van yendo. Uno a uno, cada cual a su forma y manera, se nos escapan entre los dedos dejándonos un poco más huérfanos. Los propios nos duelen más, sí, pero los otros, los que hacían las veces cuando los nuestros nos enfadaban, los que nos acogían en sus casas y nos sentaban en su mesa, también dejan su vacío al irse. Y no hay palabras que consuelen. Los apegos son así.

Sucede que no puedes evitar preguntarte si en alguna parte, allá en lo alto, o en lo etéreo, o en un Olimpo inventado o en el cielo estrellado, no seguirán sus rutinas y mi padre paseará incansable río arriba intentando desentrañar los secretos del río y su cauce, mientras la abuela Dolores recorre nuestras casas a ver si se necesita algo, el abuelo José juega a la petanca, el primo Luis Carlos monta a caballo y los tíos están a la fresca disfrutando de una buena tapa. Y la tía Oti a lo suyo sin quitarnos ojo, digo yo, que siempre fue la independiente de la familia. No sé lo que andan haciendo los tuyos, pero imagina…

Sucede que la ley de vida es un axioma que nos repetimos para consolarnos, pero no funciona demasiado. Sucede que el mundo era mucho mejor cuando Carmela aún enredaba por aquí. Sucede que, en días como hoy, todos los que la tratamos nos sentimos un poquito más solos.

ESCUCHADO AYER

  • ALEXA, ¿Quieres dormir conmigo esta noche?
  • Lo siento, es mejor que seamos amigos.

Pues empezamos bien la relación. Estuve a punto de desenchufarla.

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