Categoría: Cartas al viento

¿Quién dijo miedo?

Querido Superman:

He pecado, lo reconozco. Después de meses cumpliendo escrupulosamente cada recomendación de los expertos reales, no de los voceros institucionales sirviendo a su señor, y de las que me ha estado haciendo la mujer del espejo pensando por sí misma, tal y como le enseñaste a hacer, no he podido evitarlo. Tu marcha llegó en un momento de lo más inoportuno, justo días antes de que España entera se cobijara en casa esperando detener una pandemia que nos tiene a todos locos. Ni el Gobierno ni la oposición han estado a la altura, como siempre, pero al menos coincidían en extremar las precauciones y mantener la distancia social y familiar. Traducido, y entre otras cosas, nada de abrazos. Tú te vas de la mano con tu archienemiga y yo no me puedo abrazar con los que aquí nos hemos quedado, qué ironía. No ha sido fácil, créeme. Por más palabras de aliento saliendo del auricular del teléfono, por más reuniones on line con mis lentejuelas favoritas, por más mensajes de ánimo recibidos, por más pintar la casa y hacer cuadradillos en las paredes para darle ambiente y no pensar, y por más ayuda desinteresada de mis vecinas de ambos lados, no sabes cómo se portan conmigo, nada de ello ha sido suficiente para llevar tu duelo en condiciones. Nada, Superman, nada, iguala el sentir de un abrazo bien dado, de esos sentidos que te impiden moverte y que te llenan de calor. No hay chimenea ardiente que dé el calor de unos brazos que te quieren. No hay fuerzas de seguridad en el mundo que te hagan sentir igual de protegida que cuando estás entre unos brazos sabiendo que nada malo puede pasarte mientras no te suelten. Así que llegó un día que me sacudí el miedo del cuerpo (quiero visitar a tu Lois Lane limpia de todo mal) y me fundí en distintos abrazos. Unos niños, unas amigas, un par amigos, todo espaciado, en días diferentes, medio controlado, no mucho tiempo en cada ocasión, pero lo suficiente para encender mi congelada alma, lo necesitaba para seguir respirando. Es aterrador esto de los virus. Resulta que un abrazo puede matar en diferido a un tercero que ni estaba allí. Eso nos ha hecho experimentar realidades que nos quedaban lejanas. Exagerados, pensábamos de quienes viven permanentemente en situaciones de alto riesgo y visten como astronautas raros. Nunca escupas hacia arriba, tú me lo enseñaste. No es la frase que más me gusta, ya sabes lo estúpida que me pongo con las palabras de me dan fatiga, pero es muy gráfica para entendernos.

Así las cosas, todos los días me tomo la temperatura, analizo los dolores para descartar síntomas, y vuelvo a guardar las formas porque dicen que a partir del 21 podremos movernos de Comunidad, tu dama me espera y reclama a diario, y ya sabes lo intensa que se pone cuando quiere algo. Pero ¿Sabes? no me arrepiento de este pecado. No tengo nada que lamentar. Sólo agradezco el gesto a quienes han pecado conmigo y les quiero más si cabe.

He de irme a la carrera, ya sabes, el lunes me reclama, pero quiero dejarte uno de esos temas que te dedico en silencio, esperando te llegue. Sé que lo entenderás.

Melu y Javier Ojeda. Lágrimas de vida

LEÍDO HOY

Era el hombre más bueno, inteligente e íntegro que he conocido

Pues sí…

1 de mayo de 2020

Querido Supermán,

Qué irónico resulta que este Día del Trabajador sea el del momento vital en que menos hay en sus puestos de trabajo. Casi todas las empresas y comercios permanecen cerrados por el coronavirus, la mayoría se han acogido a un ERTE o directamente han cerrado, y lo poco que hay abierto funciona a cuenta gotas y entre estrictas medidas de seguridad. Estoy segura de que si pudíesemos hablar de ello me dirías lo ridículo de la situación. Te reirías explicándome lo inútil de algunas cosas y te preocuparía lo necesario de otras. Lo bueno de llevar toda una vida escuchándote es que aún puedo seguir haciéndolo dentro de mí.

Tu Lois Lane echa mucho de menos tu capa, tu rizo y tu presencia, pero su capacidad de adaptacion me tiene preocupada, no sé si está en modo ausente o ya interiorizó tu partida mucho antes de que te fueras. Como sea, seguro que sientes sus llamadas de atención, su necesidad de sentirse acompañada y segura y su capacidad para atrapar en sus redes a quienes nos tiene cerca. Ahí la tienes, entera pese a estar ya medio derrotada. Y yo aquí sigo, lejos pero cerca,  atenta a los cambios que se van produciendo en ella. Como la he regañado varias veces por alterarme con sus presiones de que vaya a verla y con su manía de explicarme al detalle cada parte de su cuerpo que le duele sabiendo los kilómentros que nos separan,  ahora me cuenta chistes y hablamos de películas de ayer y siempre, de esas que tanto nos gustaban y por las que nos congregábamos en el salón. Hasta quedamos hace poco una noche para ver juntas, teléfono en mano, Un Hombre Tranquilo, esa de John Wayne que tanto nos hace reír. Fue una noche mágica. Yo oía doble, entre su tele, el retardo, y la mía, pero no me importaba, era bonito escucharla reir de esa manera tan contagiosa.

Quisiera pedirte consejo sobre varios asuntos que me preocupan, porque aunque creo saber qué me dirías, me encantaría escuchar tu explicación. Te echo mucho de menos, más de lo que aparento o digo, pero procuro enredarme haciendo cosas útiles que me mantengan la mente ocupada. Esa especialización en mediación me está costando, conoco la mayoría del contenido del temario por experiencia, pero me resulta muy pesado pasar tanto tiempo al ordenador viendo esquemas, vídeos formativos y resolviendo casos prácticos. Ahora me vendrían bien clases presenciales, la verdad. Extraño relacionarme con gente que esté haciendo lo mismo que yo y comentar y socializar, y conocer nuevas personas. La casa, mientras termina este absurdo confinamiento evitable con test, se va despejando de ayeres. Me estoy desprendiendo de un montón de objetos y papeles que cada día tienen menos sentido guardar por si acaso. Siempre me han venido bien para una cosa u otra, pero me he ido dando cuenta de que mis prioridades se van acercando más a las tuyas con el paso del tiempo. Hasta ahora no había sentido con esta intensidad tu falta de apego a las cosas que uno puede llegar a guardar de su vida. Lo tuyo era más mental que material, siempre fue así. Por eso sé que te gustaría ver los vídeos y audios de temas espirituales, enseñanzas de vida y reflexiones del corazón que ando montando estos días. Una amiga mía está descubriéndose y suelo ayudarla en la parte técnica. Te gustaría escucharla y comentar con ella sus reflexiones. Tú sí que sabrías qué decirle sobre tantas y tantas cosas… Me siento bien formando parte de su crecimiento interior, es espectacular cómo ha evolucionado en tan poco tiempo, aunque tú dirías que se lleva preparando desde el principio para esto, y simplemente ahora es cuando está lista para ello. Como sea, es mágico vivirlo.

¿Sabes? Aunque andes por entre tus montes y tu río y no pueda verte, daría lo que fuera por acompañarte en estos días. Todo es diferente en los paisajes. Hace unos días Lu me mandó una foto del puente romano con verdín, estaba precioso, y Víctor unas fantásticas fotos de la Tafona, por donde te llevaba los últimos años silla va y silla viene, paseando  mientras me contabas tus recuerdos, y que se ve más verde que nunca. El paso del ser humano parece haberse borrado en algunos lugares, y la tierra ha descansado un tiempo de nuestra devastación diaria. En cuanto pueda nos vamos a ir tú y yo a lo alto del Xiabre, donde me llevabas cuando querías hablar de las cosas importantes, esas tan solemnes que te preocupaban tanto. Seguro que ahora estás menos preocupado por ellas, al final está saliendo todo como tú pensabas que debía ser, más o menos.

Ahora tengo que dejarte, se hace tarde y quiero terminar un par de cosas antes de que acabe el día y me pueda empezar a relajar. En algunas culturas hacen llegar este tipo de cartas a las personas que se fueron quemándolas y dejando que las cenizas sean llevadas por el viento. En otras, se entierran o se guardan en los huecos entre piedras. Yo prefiero dejarla navegando y que los vientos de los bits la lleven a donde quieran.  Al final, lo que realmente cuenta es el gesto y la necesidad de comunicarse de una u otra manera.

Cuida a tu Lois, cuídanos a todos, y quédate tranquilo, nada de lo que nos enseñaste se ha desperdiciado y nada de lo que compartimos se ha olvidado.

Te quiero, Superman, te quiero mucho.

LEÍDO HOY

Domingo 23 de abril de 2006. Faro de Vigo.

Le he prometido a una amiga mía que sufre inundaciones todos los años que yo lucharé para que no tenga más. Ese será mi pago.

Y seguiste luchando hasta que todo colapsó en ti. Si algo se merece esta tierra, tu tierra, tu casa, es no volver a inundarse nunca… Va por ti

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