Categoría: kendō

Onegai shimasu: Por favor, vamos a practicar juntos.

El kendō en japonés: (剣道) es un gendai budō, o arte marcial japonés moderno formativo que destaca por el uso y manejo del sable de bambú o shinai. El nombre significa “camino del sable” y proviene de los ideogramas 剣 ken: sable / espada y 道 : camino, sendero, vía.

En el kendo se enfrenta al oponente portando una armadura (bōgu) y un sable de bambú (o shinai); asimismo como en todo arte marcial tradicional hay formas preestablecidas o kata, las cuales son ejecutadas en parejas y con sables de madera o (bokuto).

  Nada me gusta más que un combate dialéctico, y si el oponente es aún mejor que yo, me supone un reto que no suelo rehusar. Tengo un amigo, que tendrá que escoger su propio nombre para cumplir su compromiso de participar, que posee una mente maravillosa y al menos dos cinturones de colores superiores al mío. Así que me he vestido adecuadamente, he cogido mi bambú y estoy presta a que me salude y comencemos. Aunque en realidad ya comenzamos desde el instante en que nos conocimos. Estuvimos algo así como dos horas intercambiando golpes ficticios con invisibles bokutos. Qué dos horas más mágicas fueron, creedme.

   Hace unos días, publiqué una entrada que hacía referencia a mis pensamientos respecto a no tener hijos. Por supuesto, me contestó adecuadamente con los suyos vía mail, siguiendo el combate que nos traemos. Y se me ocurrió invitarle a este espacio para estar mejor acomodados. Y aceptó. Y éstas fueron sus palabras, para dar su golpe correspondiente:

“(…) leyendo esta entrada se ha disparado el resorte, como no podía ser de otra manera. Quién sabe si por alguna cuestión sentimental, o por la indignación que queda por haberme llevado a ver Belleza oculta x_D

Que no sé si te enrrecordarás, pero en ese bellísimo bodrio de película, se decía algo evidente: “Tus hijes no son quienes engendras o pares, sino quienes se sienten marcades por tu impronta”.

Y, en ese sentido, por ahí andamos 😉

Por lo demás, ¿quedar en el recuerdo? ¿sólo existe lo que se recuerda? ¿mande? A mi parecer, ésa es un punto de vista exageradamente tóxico. Muy prosistema. ¿Cuánta gente hay que no recordamos, y que, sin embargo, han sido? Desde mi humilde punto de vista, somos, sin más. Somos, porque tenemos errores y logros, deseos sanos e hiperexigencias, ahoras y miedos.

Y, en cualquier caso, a mi entender, no hay gesto más generoso que el de no traer más proletariado al mundo. Que sí, que pese al yugo tenemos la meditación, el Arte, la Naturaleza, etc. Pero tener que aprender a lidiar con el peso del yugo, según yo lo veo, y más en estos tiempos, se me antoja como una empresa súmamente difícil. Habiendo tantísimes niñes -por no hablar de personas de nuestro entorno- necesitades de apoyo, ¿por qué tener que engendrar nuevos seres que porten nuestra huella biológica? (Que, por cierto, la diferencia genética entre une ser humane y otre es prácticamente nula, todo sea dicho)

Espero que estés bien 😉

Un abrazo grande,”

   Quiero pensar que cuando habla de la impronta y que en eso estamos, se refiere a mí y a la impronta que en algún momento le he podido dejar. Lo que él igual no se imagina, es la que siempre deja en mí. Es un maestro cuando se remanga. Como sea, y ya sentadas las bases de la cuestión, cuando aparezca en modo kendo he pensado que debía encontrarme un nombre adecuado para la ocasión, que me defina (ya le estoy escuchando rebatir eso de que el nombre defina a nadie), pero como soy soberana de mis pensamientos, tendrá que argumentar por qué. Mi nombre me ha encontrado a mí, porque Maktub nunca da una puntada sin hilo: ZANSHIN. Este término se encuentra a menudo en la práctica de la esgrima japonesa (kendo). ZANSHIN es el espíritu vigilante. Atendida la acción, se cuida lo que puede sobrevenir después. Por ejemplo, hay un modo ZANSHN de cerrar la puerta, de colocar un objeto, de tomar una comida, de conducir un coche o incluso de quedarse inmóvil. Se dispone los utensillos con precaución, se suspende antes de cerrar el empuje de una puerta una fracción de segundo para que no golpee.”

(Fragmento de “La práctica del ZEN”, de Taisen Deshimaru, pág. 31 – 32)

Si en la vida real soy lo opuesto, cuando cierro los ojos y me imagino, sé que en uno de los infinitos universos paralelos, que los hay, existe un yo muy Zanshin. Y con ese yo me presento ante mi amigo, presta a batirnos en uno de esos interminables duelos con el único arma de la palabra.

Amigo, aquí te espero presta al combate.

Siempre tuya: Zanshin, el Espíritu del gesto.